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Escuchar supone estar presente y despierto con todo el cuerpo, es ir más allá del simple proceso físico del oír pasivo. La escucha integra un proceso cognitivo y emocional con añadidura de significado. Sólo escuchando ponemos un puente para alcanzar el objetivo de la comunicación, y éste se posibilita cuando tenemos claro lo que nos interesa del otro como entenderle, comprenderle, empatizar o meternos en su piel, etc…

Rogers introduce el término de escucha activa como abrepuertas al contacto, con la finalidad de seguir manteniendo abierto ese canal de comunicación, que posibilita que no se den malentendidos. El receptor se centra exclusivamente en el otro y trata de entender lo que significa su mensaje, dando acuse de recibo de que lo comprendió. Aquí el que escucha no manda un mensaje propio, sólo devuelve el contenido como si de un espejo se tratara para que el emisor se refleje y se vea. De esta forma se evita levantar barreras en la comunicación interpersonal, dada la particular tendencia del ser humano a juzgar, evaluar, dirigir, amonestar, aleccionar, aconsejar, influenciar, interpretar, consolar, interrogar, distraer, etc…etc…

El objetivo está en recoger lo que el otro nos dice sin contaminarlo con ningún contenido personal. Esto por supuesto es de un indudable valor terapéutico porque va a suponer que la persona que hable se escuche a sí misma al ser devueltos sus contenidos íntegros y pueda encontrar sus propias soluciones a los problemas que se le planteen, sin necesidad de que nadie le diga lo que tiene que hacer. Esto le hará tener fe en sus propios recursos personales.

Variables importantes para poder escuchar

Otras variables importantes para poder escuchar son las siguientes:

1)Tener un objetivo al oír.

2) Es importante suspender todo juicio inicial de la persona que nos habla, sobre la que centraremos nuestra atención, de manera que hasta podamos repetir lo que nos dice.

3)También es importante permitirnos que termine de hablar antes de responderle.

4) Reformular con nuestras propias palabras el contenido de lo que dice y la emoción y el sentimiento con que lo cuenta, y esto es lo que se denomina en psicoterapia respuesta reflejo, sintetizando el contenido, sin perder de vista el núcleo del mensaje. Esto facilita de forma mágica la apertura del otro, porque de esta manera se le confirma de que le hemos entendido bien.

5) Para comprender al otro sobre lo que piensa y siente desde su propio punto de vista, necesitamos empatizar o ponernos en su lugar, y esto es imposible para personas que estén a la defensiva por la incapacidad de exponerse a ideas y opiniones diferentes a las propias, ya que bajo esa inflexibilidad subyace el miedo a ser cambiado.

6) Ser congruentes y auténticos con lo que hacemos, sentimos y decimos. Esto quiere decir que si no estamos de verdad presentes, forzamos las cosas y se diluye la magia del contacto, enfriándose el calor relacional. Ser congruente supone coherencia y autenticidad, sin llevar una fachada, con la posibilidad de dejar en claro los propios sentimientos aunque estos sean negativos.

7) También forman parte de este enfoque la no directividad del receptor o terapeuta, donde el otro, o el paciente lleva las riendas de su discurso y de su vida. Aquí el que escucha puede involucrase en lo que ocurre y hasta expresar sus sentimientos pero sin perder nunca de vista al otro como objetivo.

8) Es importante estar abierto a lo que se escucha sin partir de prejuicios ni juicios previos.

9) La consideración positiva, porque el otro merece todo nuestro respeto.

10) La tendencia a la actualización, confiando en las posibilidades de autorregulación del organismo, porque para que la planta crezca sólo hay que darle condiciones adecuadas, buena tierra, sol, agua y dejar de tirar de ella.

Esta es la escucha centrada “en el otro” o enfoque “empático”, que puede complementarse con en enfoque de la Gestalt. Desde aquí la escucha adquiere un sentido más amplio, despertando y afinando los sentidos, ya que el receptor entra dentro del campo de interacción comunicacional sin excluir sus sentimientos. Aquí la escucha supone un no olvidarnos de nosotros como instrumento a pesar de estar disponibles para el otro, subrayando lo relacional. Lo importante es poder complementar el mirar hacia fuera y hacia el interior, hacia nosotros, tomando conciencia de todo lo que se mueve piel adentro. Vernos no tiene porqué interferir con ver al otro y así recuperamos la capacidad de estar con nosotros mismos y con los otros mientras interaccionamos. De esta forma rompemos el mito de la neutralidad del que escucha o del propio terapeuta ya que el observador modifica lo observado y no puede mantenerse al margen por mucho que lo intente.

Con respecto a la escucha externa, de lo que se trata es de clarificar la atención y recoger datos de realidad que el otro presenta, y cuando lo veo, percatarme de lo que dice, cómo lo dice y con que parte del cuerpo lo dice, recuperando la escucha que propone Rogers pero incluyendo la relación dialogal“ yo-tú” de la que habla Martín Buber y manteniendo ese equilibrio.

Albert Rams en su libro Clínica gestáltica / Metáforas de viaje, la denomina enfoque “simpático” porque el terapeuta se incluye así mismo junto con el paciente en el campo muestral de atención y el objetivo es apoyar lo sano del paciente y frustrar lo patológico.

Además de estos dos enfoques, se puede hablar de un tercer enfoque “impático”, no deseable, que se da cuando el terapeuta ocupa todo el espacio relacional, tomando una posición narcisista. Desde aquí no se da el diálogo ni el encuentro. Aquí el terapeuta aconseja, interpreta, etc…, siendo el centro de la relación.